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Recompensas caninas: el momento de la golosina decide el aprendizaje

El veterinario Juan Manuel Liquindoli ha publicado en Instagram una explicación sobre por qué premiar a un perro al llegar a casa no refuerza la conducta que se desea enseñar. Según él, el momento en que se ofrece la recompensa es tan importante como el premio en sí.

Liquindoli distingue entre dos mecanismos de aprendizaje: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante. En el primero se busca asociar una experiencia negativa, como una visita al veterinario, con algo positivo para disminuir el miedo. En el segundo se refuerza una conducta específica, como responder a la llamada, ofreciendo la golosina justo después de que el perro actúe.

El veterinario ejemplifica que si se da una golosina después de que el perro haya terminado la visita, el animal puede no asociar la recompensa con la conducta que se pretendía reforzar. En cambio, ofrecer la golosina inmediatamente después de que el perro responda a su nombre aumenta la probabilidad de repetir esa acción.

Liquindoli también señala que la recompensa durante la visita al veterinario puede ayudar al perro a asociar ese entorno con experiencias agradables, aunque no garantiza la eliminación del miedo. El enfoque debe adaptarse a cada animal y evitar que la exposición sea tan intensa que aumente su malestar.

El mensaje final es que, para enseñar comportamientos deseados, es fundamental vincular la consecuencia positiva con la acción concreta y, cuando se busca modificar la respuesta emocional, usar el condicionamiento clásico durante la propia situación que genera estrés.

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