O'Higgins
Las cepas francesas de un médico botánico: el origen de los vinos de Paredones que hoy se premian en el mundo

Un cargamento de plantas francesas que un médico botánico trajo a la costa de O'Higgins a comienzos de los años 30 está en el origen de una de las apuestas vitivinícolas más celebradas hoy en la Región. Eduardo Moore, cirujano de padre estadounidense y madre colchagüina que llegó a dirigir el Museo Nacional de Historia Natural, regresó a su Paredones natal con cepas de blanca italia, torontel, chasselas y otras variedades. Con esas uvas, entre 1930 y 1935, se levantó la Viña Querelama.
El recuerdo del fundador sigue instalado en la comuna de 6.200 habitantes: la avenida principal y el barrio comercial más activo llevan su nombre, Doctor Moore. Los viñedos originales, en cambio, hoy apenas sobreviven como parras silvestres en las quebradas. Cerca de 1980, cuando la uva se pagaba muy poco, Querelama dejó de producir.
El retorno llegó en 2006, cuando Max Rodríguez, bisnieto de Moore, decidió replantar con el respaldo de Casa Silva, una de las viñas más antiguas del Valle de Colchagua. "Había que jugársela y recolectar agua de la lluvia, tener un tranque, y entender que a lo mejor la producción de uvas no iba a ser tan grande en términos de kilos, pero las calidades iban a ser excepcionales", explicó Mario Pablo Silva, gerente general de la firma.
"Había que jugársela y recolectar agua de la lluvia, tener un tranque, y entender que a lo mejor la producción de uvas no iba a ser tan grande en términos de kilos, pero las calidades iban a ser excepcionales" - Mario Pablo Silva, gerente general de Casa Silva
El terreno no facilita nada. Paredones está en el secano costero, un territorio árido pegado a la Cordillera de la Costa, sin los grandes canales de riego que existen en el valle interior. Para la académica de Agronomía UC Consuelo Ceppi de Lecco, esa aridez obliga a la planta a ser más eficiente y termina entregando uvas con rasgos únicos en aroma y sabor. Rodríguez suma otro factor: los viñedos quedan a solo nueve kilómetros del mar, con días sin temperaturas extremas y suelos arcillosos con cuarzo.
Las primeras botellas etiquetadas por Casa Silva salieron al mercado hacia 2009 con la línea Cool Coast, en sauvignon blanc, sauvignon gris y pinot noir. En 2011 la viña compró sus propios campos en la ladera de la cordillera. De esas cosechas vino el espaldarazo que cambió la historia: la crítica inglesa Jancis Robinson calificó al Cool Coast sauvignon blanc de Paredones como el mejor blanco del nuevo mundo, según recordó Silva.
Otras firmas siguieron el camino. Estampa fue la primera empresa externa en plantar, en 2008, y su riesling Estampa del Viento, cosecha 2018, se adjudicó en Estrasburgo el título al mejor del mundo en esa cepa. Koyle llegó en 2011 y el cuarzo de los suelos dio nombre a su Koyle Cuarzo.
El Ministerio de Agricultura considera hoy a Paredones una extensión del Valle de Colchagua, lo que permite etiquetar sus vinos con la denominación de origen Colchagua Costa, junto a Litueche, Lolol y Pumanque. En la provincia de Colchagua, el 52% de los encuestados por el estudio Esto es Chile identificó el vino como lo más característico de la zona, y la vitivinicultura aparece en tercer lugar entre las actividades económicas más relevantes de la región, con un 29%.
El agua sigue siendo el punto sensible. Yerko Moreno, que dirige el Centro Tecnológico de la Vid y el Vino en la Universidad de Talca, sostuvo que la situación hídrica actual es adecuada gracias a las lluvias de invierno y primavera, aunque advirtió que sin El Niño igual hay que cuidar el recurso; mencionó como apoyo al embalse Convento Viejo, en Chimbarongo. Ceppi de Lecco añade un frente externo: la industria atraviesa una crisis mundial por el menor consumo, lo que se refleja en la reducción de hectáreas de viñedos en O'Higgins.

