HOSPITALVETMás noticias →

Magazine

Bañar a un cachorro: el frío y el pelo húmedo, los riesgos que sí importan

La duda aparece ni bien el cachorro llega a la casa: ¿se puede bañar o hay que esperar? La idea de que el agua está prohibida durante los primeros meses circula en casi toda familia con un perro nuevo, pero el veterinario Israel Pérez plantea una mirada distinta: el punto crítico no es mojarlo, sino lo que pasa después.

"Los cachorros sí se pueden bañar; el problema es el frío y quedarse húmedo porque no regulan bien la temperatura" - Israel Pérez, veterinario

Durante las primeras tres o cuatro semanas de vida, el cachorro todavía no maneja bien su propio calor y depende mucho de lo que ocurre a su alrededor. Con el manto mojado, esa temperatura se le va rápido. Por eso la recomendación apunta a dos cosas concretas: agua a temperatura agradable y un secado completo antes de soltarlo.

El error más común es mirar al perro, ver el pelo superficial seco y dar el asunto por terminado. En razas de manto tupido, la humedad se queda pegada a la piel incluso cuando por arriba parece todo resuelto. Conviene revisar con la mano, separando el pelo, en especial en patas, axilas, orejas y bajo la cola.

La secuencia que propone el especialista parte por la toalla, para sacar el grueso del agua, y sigue con el secador en modo suave: aire tibio, potencia baja y el aparato a una distancia que no incomode. Nunca calor fuerte ni el chorro de aire cerca del cuerpo, y menos si el ruido asusta al cachorro.

Nada de esto significa bañarlo por costumbre. Si solo se ensució las patas o una parte del lomo, alcanza con una limpieza puntual usando un paño levemente humedecido o toallitas pensadas para perros. El baño completo se reserva para cuando de verdad hace falta.

Sobre el momento del primer baño, no hay una fecha que sirva para todos. Pesan la edad, el estado de salud y si ya completó su calendario de vacunas. Si el cachorro es muy chico o aún está a medio esquema, lo prudente es preguntar al veterinario antes de manguerearlo.

También importa cómo se vive la experiencia. El primer contacto con el agua, la llave abierta o el secador puede resultar amenazante para un perro que no conoce nada de eso. Presentar los estímulos de a poco, hablarle tranquilo y no insistir si se asusta ayuda a que la rutina no se transforme en un mal recuerdo. Agua tibia, cuidado con ojos y oídos, y un champú formulado para perros completan el panorama.

La frecuencia tiene su propio límite. Baños muy seguidos arrastran los aceites que cuidan la piel, y eso se traduce en resequedad, picazón o irritación. Cuánto bañarlo depende del tipo de pelo y de la vida que lleva. Ante cualquier molestia en la piel, lo indicado es llevar al perro a una consulta veterinaria.

CompartirWhatsAppFacebookXCorreo

Más noticias de HOSPITALVET