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Gatos negros y Halloween: las señales de riesgo que conviene vigilar y cómo protegerlos en casa

La imagen del gato negro cruzando la calle sigue cargando con una fama que no le corresponde. Cada octubre, cuando las supersticiones se mezclan con las fiestas de Halloween, esos animales quedan más expuestos a persecuciones, intentos de captura y maltrato. No existen cifras oficiales que confirmen un aumento de las agresiones en esta temporada, pero la ausencia de registros no equivale a ausencia de riesgo.

El origen de esa mala fama es antiguo. Algunas interpretaciones religiosas surgidas durante la Edad Media, entre los siglos XII y XIII, vincularon a los gatos negros con la herejía y con el diablo. Con el tiempo, esas ideas se fueron pegando a la celebración de Halloween. La paradoja es que en el antiguo Egipto estos mismos animales eran considerados símbolos de protección y buena suerte.

El problema no está en la creencia personal, sino en usarla para justificar acciones que dañan a un animal. Por eso conviene saber qué observar. Es motivo de preocupación, por ejemplo, ver a alguien que atrae deliberadamente a un felino conocido con comida o juguetes para capturarlo y encerrarlo en una maleta o en un espacio reducido. También lo son los golpes, las vocalizaciones intensas que sugieren una agresión y las amenazas con objetos contundentes, puños o patadas.

Hay señales menos visibles. El abandono y la negligencia comprometen el bienestar de cualquier gato: falta de alimentación adecuada, ausencia de un lugar seguro, nula atención a su salud o imposibilidad de desarrollar sus comportamientos naturales. A eso se suma el plano emocional. Las persecuciones y las manipulaciones invasivas elevan sus niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés, y eso termina repercutiendo en su salud. En refugios, un animal que vivió miedo o maltrato lo pasa peor para adaptarse y tiene menos opciones de encontrar familia.

Las medidas de cuidado son simples y caben en la rutina de cualquier hogar. Lo primero es asegurarle un espacio tranquilo, lejos del ruido de las celebraciones. Evitar disfraces y manipulaciones forzadas, porque las prendas y los sonidos fuertes lo estresan. Conviene revisar puertas, ventanas y balcones para prevenir escapes, y mantener al día la placa con datos de contacto o el microchip, que ayuda a localizarlo si se pierde.

A quienes conviven con gatos que viven en la calle, la sugerencia es organizarse como comunidad para ofrecerles refugios durante estos días. Y si un gato muestra signos de estrés, heridas o algún cambio de conducta, lo indicado es consultar con el veterinario: solo un profesional puede evaluar su estado y definir el manejo adecuado. La tenencia responsable, al final, se sostiene todo el año y no solo en octubre.

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