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Snowshoe: el gato de 'calcetines blancos' que nació por casualidad y hoy es una raza reconocida

Cuatro patas blancas, ojos azules y un carácter sociable y extrovertido, que busca la compañía y no es el típico gato huraño. El Snowshoe es una raza felina de tamaño mediano que se ganó un lugar propio entre los amantes de los gatos, y su nombre —que en inglés significa "raqueta de nieve"— describe exactamente su aspecto: como si un siamés hubiera caminado sobre nieve fresca.

Su origen tiene bastante de anécdota. En la década de 1960, en Filadelfia, la criadora de siameses Dorothy Hinds-Daugherty encontró en una camada tres gatitos que habían nacido con las patas blancas. Existían antecedentes de gatos con rasgos parecidos en el siglo XIX, pero la característica se había perdido. Para fijarla, cruzó siameses con American Shorthair bicolor y luego volvió al siamés, hasta conseguir las patitas blancas de forma estable.

Más tarde, Vikki Olander tomó el trabajo de consolidar la raza, que fue reconocida oficialmente por la TICA en 1993, aunque otras asociaciones ya la aceptaban desde los años 80.

En cuanto a su físico, se trata de un gato musculoso y atlético, que heredó la estructura del American Shorthair y la elongación del siamés. Su peso ronda entre los 3 y los 5,5 kilos. El pelaje es corto, denso y sin subcapa lanosa, con el clásico contraste entre el cuerpo oscuro y las extremidades claras. Un detalle que sorprende a quien adopta un cachorro: nacen completamente blancos y el color se va definiendo con el crecimiento.

La personalidad es, quizás, su carta de presentación. Es un gato que busca compañía, conversa con maullidos y no tolera bien la soledad prolongada. Suele convivir sin problemas con niños, perros y otros gatos, aprende trucos con facilidad y tiene una curiosidad que lo lleva a explorar cada rincón de la casa. A eso se suma una rareza entre los felinos: la atracción por el agua, al punto de que muchos intentan seguir a su dueño hasta la ducha.

Sus cuidados no son exigentes. El cepillado semanal ayuda a retirar el pelo muerto, y conviene revisar oídos, ojos y uñas de forma periódica. Donde sí hay que poner atención es en la alimentación: la raza tiende a comer de más y a subir de peso, sobre todo después de la esterilización, por lo que se recomienda combinar una dieta equilibrada con juego diario.

Con vacunas al día y un control veterinario anual, su esperanza de vida se ubica entre los 14 y los 20 años.

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