Internacional
La ONU advierte que el océano pierde fuerza para absorber el CO₂ que emitimos

Cerca de un tercio del dióxido de carbono que libera la actividad humana termina en el mar. A eso se suma que el océano retiene aproximadamente el 90 % del calor extra que atrapan los gases de efecto invernadero. Ese doble servicio ha amortiguado el calentamiento global durante décadas, y ahora la ONU advierte que está perdiendo eficacia.
El problema no es menor. Con menos CO₂ saliendo de la atmósfera hacia el agua, queda más gas retenido arriba, lo que empuja las temperaturas hacia arriba. Un círculo que se retroalimenta: a mayor calor, menor capacidad marina de captura, y por lo tanto mayor calor.
Las causas están identificadas. La temperatura de la superficie del mar altera la química del intercambio de carbono. A eso se suman la acidificación, la pérdida de oxígeno disuelto, los vertidos contaminantes y el deterioro de los ecosistemas costeros. Todo junto golpea los mecanismos que permiten captar, transportar y guardar el carbono.
Frente a ese escenario, Naciones Unidas reclama reforzar la observación del océano mediante sensores, sistemas de seguimiento, infraestructuras de datos y modelos científicos. El objetivo es entender con precisión cómo se mueve el carbono en el mar y anticipar los cambios que podrían reducir su capacidad de almacenamiento. La iniciativa se llama Ocean Carbon Intelligence y apunta a combinar ciencia, tecnología y conocimiento de las comunidades locales para que las decisiones se tomen con información sólida.
El informe también pone la lupa en los ecosistemas de carbono azul. Manglares, marismas y praderas submarinas capturan y retienen CO₂ de forma natural: según los datos recogidos, ya extraen del orden de 407 millones de toneladas anuales. Protegerlos y restaurarlos aparece como una de las vías más concretas para sostener esa función climática.
Distinto es el caso de las tecnologías de eliminación de dióxido de carbono en el medio marino, pensadas para extraer el gas y guardarlo de manera duradera. El documento reconoce que todavía arrastran incertidumbres relevantes y que requieren más investigación, seguimiento y regulación antes de escalar.
El debilitamiento del océano también tiene consecuencias sociales. Los pequeños estados insulares, que en conjunto generan menos del 1 % de las emisiones globales, están entre los territorios más expuestos a los efectos sobre el mar. Por eso el informe pide facilitarles financiamiento, transferencia tecnológica y formación para que puedan desarrollar soluciones a su medida.


