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Veladoras, cempasúchil y agua de florero: los puntos del altar que más complican a perros y gatos

Con la ofrenda ya armada en miles de casas, aparece una escena repetida: el perro o el gato rondando el altar, olfateando el pan y las flores. El Hospital Veterinario UNAM-Banfield advirtió que veladoras, cempasúchil, comida y hasta el agua de los floreros pueden convertirse en un problema para los animales de compañía si quedan a su alcance en estos días.
La magnitud del tema es concreta. Según la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2025 del INEGI, el 66,4 % de los hogares mexicanos convive con al menos un animal de compañía, y en el país viven 41,2 millones de perros y 19,2 millones de gatos. Es decir, cada altar comparte espacio con una mascota curiosa.
“La ofrenda forma parte de una tradición muy importante para las familias y no se trata de dejar de colocarla cuando tenemos animales de compañía en casa. La recomendación es anticiparnos: observar dónde estará ubicada, qué elementos contiene y cuáles podrían quedar a su alcance” - Fausto Reyes Delgado, director médico del Hospital Veterinario UNAM-Banfield
- Cempasúchil: puede alterar la digestión
- Agua de florero: nunca sirve de bebedero
- Velas encendidas: quemaduras en hocico y patas
La flor de cempasúchil encabeza la lista. Si un perro o un gato la muerde o la traga por accidente, puede sufrir molestias digestivas. Con los floreros pasa algo parecido: el agua acumula restos de tallos y hojas con el correr de los días, así que no es una fuente limpia para tomar. La comida tampoco ayuda, porque panes, dulces y guisos traen grasa, sal, azúcar y condimentos que no forman parte de su dieta y suelen quedarse varios días a la vista.
El fuego merece atención aparte. Una cola que se mueve, una pata que se apoya o la simple curiosidad bastan para volcar una vela y dejar lesiones en el hocico, las orejas o las extremidades. La salida que proponen los especialistas es sencilla: velas eléctricas, que conservan el efecto de la ofrenda sin llama. Para el copal y el incienso, la indicación es ventilar el espacio y evitar la exposición directa al humo; si el animal se aleja, se muestra incómodo o cambia su conducta, conviene retirarlo del lugar.
Las visitas también juegan en contra. En una reunión familiar distintas personas ofrecen bocados sin saber qué comió antes el animal, por eso la recomendación es pedir que no lo alimenten y respetar sus horarios, porciones y alimento de siempre. Los disfraces se retiran apenas el perro o el gato intenta sacárselos o modifica su forma de caminar. Y si el humo deja olor en el pelaje, un cepillado suave —o un baño, en el caso de los perros— devuelve la comodidad sin estrés.
¿Cuándo consultar? Reyes Delgado fue preciso: si el animal come algún alimento u objeto de la ofrenda, o si presenta vómitos, diarrea, dificultad para respirar o decaimiento, hay que ir al veterinario. “No es recomendable esperar a que el problema avance para solicitar orientación”, señaló. A la consulta ayuda llegar sabiendo qué ingirió y cuándo. Ante alergias, parásitos o heridas, el paso es el mismo: evaluación profesional.


