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Corales blanqueados vuelven a la vida en ocho semanas al contacto con un vecino sano

El contacto directo con un ejemplar sano devolvió la vida a corales blanqueados en apenas ocho semanas. El resultado, publicado en la revista científica Science Advances, lo firma un grupo de ecólogos marinos de la Universidad de Stanford y apunta a una vía poco explorada para restaurar arrecifes golpeados por el calor.

La escala del problema ayuda a dimensionar el hallazgo. Cerca del 84,4% de los arrecifes del planeta acumuló calor suficiente para blanquearse durante el último gran evento de altas temperaturas marinas, registrado entre enero de 2023 y septiembre de 2025. A eso se suma que, desde mediados del siglo pasado, desapareció más de la mitad de la cobertura coralina que existía en los años cincuenta.

Cuando el agua se calienta, el coral pierde a los dinoflagelados —fitoplancton unicelular del grupo Symbiodiniaceae— que alojan en sus tejidos y que le entregan alimento vía fotosíntesis. Sin ellos el esqueleto queda blanco y, si la situación se prolonga, el arrecife muere.

El valor de estos ecosistemas excede lo biológico. La protección de infraestructura costera, la pesca comercial y el turismo asociado se traducen, según una estimación, en unos 9,8 billones de dólares anuales para la economía mundial, sin contar el potencial farmacológico de especies aún por estudiar.

"Una vez que las algas beneficiosas entran en los corales blanqueados, no se limitan a extenderse. Entran masivamente y comienzan a dividirse a las velocidades más altas jamás observadas en corales" - Stephen Palumbi, Stanford

La pista apareció por casualidad. Stephen Palumbi, de la Estación Marina Hopkins de Stanford en Pacific Grove, California, notó el fenómeno entre dos corales de laboratorio. Con ese antecedente, el doctorando Danny Collins armó diez parejas de Pocillopora damicornis: cada una con un fragmento blanqueado y otro sano del mismo clon. Cinco quedaron en contacto; las otras cinco, separadas por apenas milímetros.

Esa distancia mínima cambió todo. Solo los ejemplares pegados recuperaron su color y su simbiosis en ocho semanas, mientras el grupo de control siguió blanqueado, según detalló el equipo.

El límite del mecanismo está claro: la fusión de tejidos funciona entre clones. Palumbi lo comparó con un trasplante de órganos, que suele prosperar cuando el donante es un gemelo idéntico al receptor.

La coautora Fiorenza Micheli, del Centro de Soluciones Oceánicas de Stanford, indicó que este resultado puede inspirar soluciones aplicables con el tiempo a mayor escala y que, sumado a la cría selectiva de corales tolerantes al calor, los viveros protegidos y la criopreservación de ejemplares amenazados de Hawái, podría acelerar la restauración de los arrecifes.

El cambio de enfoque es lo más relevante: en lugar de dar por perdido un coral blanqueado, ahora se plantea ayudarlo a recuperar las algas que necesita para sobrevivir.

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