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Tornado en la zona central abre el debate por los parques solares y el manejo de sus residuos

El paso de un tornado EF2, con vientos calculados entre 179 y 218 kilómetros por hora, dejó viviendas con pérdidas materiales en Requínoa, techos arrancados en el sector de La Chimba y anegamientos en distintos puntos de Rengo. El episodio golpeó a las familias afectadas y, además, puso sobre la mesa una discusión sobre qué sucede cuando un fenómeno de esa intensidad impacta un parque fotovoltaico.
- Tornado EF2 con vientos de 179 a 218 km/h
- Módulos de capa fina, cerca del 3% del mercado
- Metales en juego, plomo, cadmio y telurio
La mayoría de los paneles instalados en Chile son de silicio cristalino. Mientras están en operación no representan una amenaza si se gestionan bien, pero al quebrarse dejan a la vista una mezcla de silicio, aluminio, vidrio y metales pesados como plomo, cadmio y telurio. Si esos restos quedan abandonados a la intemperie, pueden liberar compuestos tóxicos que terminan en el suelo y en el agua.
Los materiales que más preocupan son el telururo de cadmio, el seleniuro de cobre e indio, el plomo y el fluoruro de polivinilo. Aparecen sobre todo en módulos de capa fina, que rondan el 3% del mercado, y en las uniones soldadas con plomo de los paneles convencionales. Sobre un terreno agrícola, los fragmentos de vidrio templado y los marcos de aluminio pueden quedar dispersos a cientos de metros del punto de origen.
El riesgo no se agota ahí. Inversores y cableado energizado pueden quedar entre los escombros, lo que suma un peligro eléctrico para quienes se acerquen a la zona. En el mediano plazo aparece la lixiviación, porque si llueve sobre los restos abandonados, trazas de plomo y cadmio podrían filtrarse hacia suelos agrícolas, un recurso especialmente valioso en el valle de O'Higgins. La normativa internacional es clara en ese punto y exige retirar los materiales y disponerlos como residuo peligroso, nunca dejarlos en el campo.
En Chile existe un protocolo de Senapred para tornados, pero no uno específico para parques solares destruidos por un evento extremo. Otros países ya piden planes de contención, catastros de módulos con cadmio y acuerdos que permitan reciclar rápido después de un desastre. Para el país, con la expansión fotovoltaica en la zona central, la propuesta que surge es exigir anclajes capaces de resistir vientos EF2 o superiores, además de planes de limpieza y trazabilidad de los residuos.
El debate se abre en la zona central, donde la energía solar se expande. En Rengo y otros valles planos de O'Higgins los parques fotovoltaicos avanzan y, tras lo ocurrido, la discusión apunta a si las autorizaciones consideran escenarios de este tipo. La idea que se instala es que las autoridades sean más exigentes al aprobar proyectos y que las comunidades tomen conciencia del efecto del cambio climático.


