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El Everest repatriará a 'Botas Verdes': el cuerpo que sirvió de guía en la ruta durante casi 30 años

El cuerpo de Dorje Morup, el alpinista conocido como "Botas Verdes", será repatriado casi 30 años después de su muerte en el Everest. Su identidad se confirmó en junio de 2026, cuando se estableció que se trataba de un soldado indio que falleció durante el ascenso.
Durante décadas, sus botas verde lima fueron el rastro más reconocible para quienes subían por la ruta: un punto de referencia involuntario, congelado a más de 8.000 metros de altitud. Con el paso de los años, ese cuerpo se volvió parte del paisaje de la montaña, igual que otros restos que nunca pudieron ser rescatados por el costo y el peligro que implica una operación a esa altura.
No es un caso aislado. Desde que comenzaron las expediciones en la década de 1920, más de 300 personas han muerto intentando alcanzar la cima más alta del planeta, y cerca de 200 cuerpos continúan en las laderas. Varios de ellos recibieron apodos con los que los escaladores los identifican al pasar.
La alemana Hannelore Schmatz, fallecida en 1979 durante el descenso, quedó bautizada como "La Mujer Alemana" y su cuerpo permaneció visible mucho tiempo en el lado nepalí antes de que la intemperie lo removiera. La estadounidense Francys Arsentiev murió en 1998, también al bajar, y siguió a la vista hasta 2007, cuando los escaladores empezaron a llamarla "La Bella Durmiente". En 1999 apareció el cuerpo de George Mallory, el británico que desapareció en 1924 en un intento por llegar a la cumbre. Su compañero, Andrew Comyn Irvine, nunca fue hallado, hasta que en septiembre de 2024 reaparecieron un zapato y un calcetín con la inscripción "AC Irvine".
A los restos se suma otro problema: el retroceso de los glaciares por el cambio climático. A medida que el hielo cede, quedan al descubierto tiendas de campaña, cuerdas, bombonas de oxígeno, envases y excrementos acumulados durante décadas de expediciones. Los plásticos se degradan lentamente y contaminan el paisaje y los ríos, según han advertido distintas expediciones de limpieza en el Himalaya, que ya han retirado toneladas de residuos.
La repatriación de Morup marcará el cierre de una historia que se extendió por casi tres décadas en la montaña. Los demás cuerpos, en cambio, seguirán donde están, como marcas silenciosas de la ruta hacia la cima.


