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Manx, el gato sin cola: doble pelaje, cepillado semanal y una genética que pide controles veterinarios

Dicen que llegó tarde al Arca de Noé, entretenido cazando ratones, y que la puerta se cerró justo sobre su cola. La leyenda, popular en la Isla de Man, intenta explicar lo que la genética ya resolvió hace siglos: una mutación natural en la columna que dejó a este gato con una rabadilla casi inexistente y una silueta que no se parece a ninguna otra.

El Manx nació en esa isla del Reino Unido, entre el aislamiento y la endogamia de una población felina que llegó por barco. De ahí salieron los ejemplares de cuerpo compacto, musculoso, con espalda corta y patas traseras más largas que las delanteras.

Lo que más importa a la hora de convivir con uno es el pelaje. Tiene doble capa, herencia de un clima frío. Con un cepillado semanal basta para el de pelo corto. El Cymric, la variedad de manto largo, necesita un cepillado más frecuente para evitar nudos y bolas de pelo que luego pueden terminar en el estómago. Baños, en tanto, solo cuando se ensució de verdad; su piel no pide espuma frecuente.

La clasificación de su cola es todo un capítulo aparte. Existen cinco tipos: rumpy, sin cola; rumpy riser, con el sacro alargado; stumpy, con un muñón de unos 3 centímetros; longy, de cola corta; y tailed, de cola normal. En exposiciones felinas solo se aceptan los tres primeros.

En carácter es sociable y muy apegado. Aprende trucos, abre puertas y no tolera bien la soledad. Por eso conviene tenerle juguetes de inteligencia y rascadores de varios niveles: el juego les permite quemar energía y satisfacer su instinto de caza.

La misma mutación que le quitó la cola puede traer complicaciones en la columna, como espina bífida o hidrocefalia, además de artritis temprana o estrechamientos del canal anal. Los chequeos veterinarios frecuentes durante el crecimiento son la mejor herramienta para detectar a tiempo cualquier problema.

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